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Benedicto XVI: Discursos


22 mayo 2008
Sección: Discursos

HOMENAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

 A LA INMACULADA EN LA PLAZA DE ESPAÑA

 

Viernes 8 de diciembre de 2006

 

 

 

Oh María, Virgen Inmaculada: 

 

También este año nos volvemos a encontrar

con amor filial al pie de tu imagen

para renovarte el homenaje

de la comunidad cristiana y de la ciudad de Roma. Hemos venido a orar,

siguiendo la tradición iniciada

por los Papas anteriores,

en el día solemne en el que la liturgia

celebra tu Inmaculada Concepción,

misterio que es fuente

de alegría y de esperanza

para todos los redimidos.

 

Te saludamos y te invocamos

con las palabras del ángel: 

"Llena de gracia" (Lc 1, 28),

el nombre más bello, con el que Dios mismo

te llamó desde la eternidad.

"Llena de gracia" eres tú, María,

colmada del amor divino

desde el primer instante de tu existencia,

providencialmente predestinada

a ser la Madre del Redentor

e íntimamente asociada a él

en el misterio de la salvación.

 

En tu Inmaculada Concepción

resplandece la vocación

de los discípulos de Cristo,

llamados a ser, con su gracia,

santos e inmaculados en el amor (cf. Ef 1, 4).

En ti brilla la dignidad de todo ser humano,

que siempre es precioso

a los ojos del Creador.

 

Quien fija en ti su mirada, Madre toda santa,

no pierde la serenidad,

por más duras que sean las pruebas de la vida.

Aunque es triste la experiencia del pecado,

que desfigura la dignidad de los hijos de Dios,

quien recurre a ti redescubre

la belleza de la verdad y del amor,

y vuelve a encontrar el camino

que lleva a la casa del Padre.

 

"Llena de gracia" eres tú, María,

que al acoger con tu "sí"

los proyectos del Creador,

nos abriste el camino de la salvación.

Enséñanos a pronunciar también nosotros,

siguiendo tu ejemplo,

nuestro "sí" a la voluntad del Señor.

 

Un "sí" que se une a tu "sí"

sin reservas y sin sombras,

que el Padre quiso necesitar

para engendrar al Hombre nuevo,

Cristo, único Salvador del mundo y de la historia.

 

Danos la valentía para decir "no"

a los engaños del poder, del dinero y del placer;

a las ganancias ilícitas,

a la corrupción y a la hipocresía,

al egoísmo y a la violencia.

"No" al Maligno,

príncipe engañador de este mundo.

"Sí" a Cristo, que destruye el poder del mal

con la omnipotencia del amor.

Sabemos que sólo los corazones

convertidos al Amor, que es Dios,

pueden construir un futuro mejor para todos.

 

"Llena de gracia" eres tú, María.

Tu nombre es para todas las generaciones

prenda de esperanza segura.

Sí, porque, como escribe el sumo poeta Dante,

para nosotros, los mortales,

tú "eres fuente viva de esperanza"

(Paraíso, XXXIII, 12).

 

Como peregrinos confiados, acudimos una vez más

a esta fuente,

al manantial de tu Corazón inmaculado,

para encontrar en ella fe y consuelo,

alegría y amor, seguridad y paz.

 

Virgen "llena de gracia",

muéstrate Madre tierna y solícita

con los habitantes de esta ciudad tuya,

para que el auténtico espíritu evangélico

anime y oriente su comportamiento;

muéstrate Madre y guardiana vigilante

de Italia y Europa,

para que de las antiguas raíces cristianas

los pueblos sepan tomar nueva linfa

para construir su presente y su futuro;

muéstrate Madre providente y misericordiosa

con el mundo entero,

para que, respetando la dignidad humana

y rechazando toda forma

de violencia y de explotación,

se pongan bases firmes para la civilización del amor. Muéstrate Madre

especialmente de los más necesitados: 

de los indefensos, de los marginados y los excluidos, de las víctimas de una sociedad

que con demasiada frecuencia sacrifica

al hombre por otros fines e intereses.

Muéstrate Madre de todos, oh María,

y danos a Cristo, esperanza del mundo.

"Monstra te esse Matrem",

oh Virgen Inmaculada,

llena de gracia. Amén.

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