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El Reino de Dios


26 febrero 2008
Sección: Conoce tu fe

El Reino de los Cielos es el núcleo de la predicación de Jesús y tiene como finalidad principal llevar a los hombres a la gloria eterna.
Los evangelios sinópticos (San Mateo, San Marcos y San Lucas) concuerdan en que el tema primario de la predicación de Nuestro Señor Jesucristo era «el Reino de Dios» «Enseñaba en las sinagogas y proclamaba el evangelio del reino» (Mt. 4, 23; 9, 35) y lo hace con urgencia: «también en las otras ciudades tengo que anunciar el reino de Dios, porque para esto he venido» (Lc. 4, 43)

Este Reino de los Cielos que es el núcleo de la predicación de Jesús, es un misterio, porque se trata, sobre todo, de una nueva situación que procede de Dios. Surge con Jesucristo y el hombre no puede acelerarla ni provocarla. Aparece cuando Dios quiere, pero como no es un reinado político, como el que esperaban los principales jefes de Israel, sino religioso, tiene su realización primera en el interior de los hombres. Por eso no se impone por la fuerza, como muchas veces lo hacen los reinados meramente humanos, sino que tiene como elemento principal la respuesta libre del hombre.

Por eso, el hombre puede cerrarse al reino de Dios e incluso oponerse a su realización. Es lo que vemos en los evangelios que ocurre con los que se oponen a Jesús.

La raíz de esa resistencia que el hombre puede oponer al Reino es el pecado. La indiferencia, el egoísmo, el orgullo, la avaricia, etc. llevarán a muchos a rechazar el Reino de Dios.

En definitiva, el Reino de Dios es la salvación del hombre, que ha venido a traer Jesucristo. Y la realización definitiva de ese Reino es la -vida eterna», en la que el hombre conseguirá su plenitud definitiva.

Esto no significa que ese Reino no tenga incidencia sobre las realidades de este mundo. Precisamente que el Verbo de Dios se haya hecho hombre para salvar al hombre y que haya querido vivir la vida humana con todas sus consecuencias, significa que ese Reino inaugurado con Cristo ya ha comenzado a actuar aquí. Y si tiene como finalidad principal llevar a los hombres a la gloria, su aceptación será el mayor beneficio para cada hombre en particular y para la vida en sociedad, propia del hombre.

En efecto, este Reino es reino de verdad y justicia, su ley más importante es la caridad o amor de unos por los otros. Es evidente que cuanto mayor sea la aceptación del Reino por parte de los hombres, también mayor será la paz y concordia entre ellos y, por tanto su felicidad terrena.

Podemos decir que lo malo que hay en el mundo depende en gran medida de la resistencia de los hombres al Reino de Dios. No olvidemos que Dios no impone su reinado, sino que sólo lo propone, dejando a salvo la LIBERTAD.

Para entrar en este Reino o, para que él entre en nosotros, hace falta quitar obstáculos, vaciarse de todo lo que estorba; hace falta renuncia, abnegación. Jesús dirá que hace falta nacer de nuevo.

Para pertenecer y poseer este Reino hay que hacerse como niños en la sencillez e inocencia (cf. Mc. 9, 23), y se debe nacer de nuevo a una vida más alta según el espíritu -no consiste el Reino de Dios en el comer y el beber, sino en la justicia, en la paz y en el Reino del Espíritu Santo» (Rom. 14, 17)

La ley de este reino es la caridad

Todas las normas del nuevo reino se pueden encerrar en amar a Dios sobre todas las cosas. Jesucristo, al ser interrogado sobre el primer mandamiento de la ley, dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos preceptos dependen toda la ley y los profetas» (Mt. 22, 37-39) En las leyes humanas basta con el cumplimiento externo, pero en la ley del amor se llega hasta el fondo de la conciencia y del corazón, pues de ahí surgen las buenas o las malas obras.

Las parábolas del Reino de los Cielos

San Mateo trata de expresarnos a través de las siete parábolas que recoge el capítulo 13, las líneas maestras de lo que Jesús ha enseñado respecto del Reino.

En el fondo vienen a decir que quien no reconoce el misterio del Reino en las palabras de Jesús y lo rechaza, aumenta todavía más su ceguera. (El Reino) Crece ocultamente; sólo al final desplegará todo su esplendor. Es pequeño, pero tiene un valor inapreciable y posee en sí una fuerza de transformación enorme. Exige el sacrificio de todo, pero produce mucho fruto y un gozo incontenible (B.p.1.i.c., t. 3, p. 52-53).

 

La plenitud del Reino de Dios no se dará en la tierra, sino en la eternidad Cristo anunció una segunda venida suya al final de los tiempos como Rey y Juez, «entonces dará a cada uno según sus obras», y separará a los buenos de los malos, llevando la creación a la perfección conseguida por él en la Redención.

En el final, la creación entera pasará a ser «el cielo nuevo y la nueva tierra» anunciados en el Apocalipsis, donde el mal habrá sido definitivamente vencido: «la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo es ya pasado» (Apoc. 21, 1-4)

- Tema principal de la predicación de Jesús: el Reino de los Cielos.

- No es un reino político, sino religioso. No se impone por la fuerza, sino que pide una respuesta libre del hombre.

- El Reino de Dios es lo mismo que la salvación de los hombres.

- La realización definitiva de este reino se da en la vida futura, pero actúa ya en la presente y es la solución de los problemas humanos.

- Para entrar en ese reino hace falta -«nacer de nuevo»

- La ley de este reino es la caridad.

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