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VII. Dios, Trino en Personas


16 julio 2008
Sección: Confirmación

La Santísima Trinidad es el mayor de todos los misterios de la fe.

Segunda Parte: Estudio del Espíritu Santo.

 

TEMA 7. DIOS, TRINO EN PERSONAS

 

7.1 Revelación del misterio de la Santísima Trinidad

 

7.2 Errores trinitarios

 

7.3 Exposición especulativa del dogma trinitario

7.3.1 Distinción de las Personas

7.3.2 Las procesiones divinas

7.3.3 Dios Hijo es engendrado por Dios Padre por vía de Entendimiento

7.3.4 Dios Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo por vía de Voluntad y Amor

 

7.4 Relaciones divinas

 

7.5 Nombres de las Personas divinas

 

7.6 Actividad de las Personas divinas

7.6.1 Actividad interna y externa

7.6.2 Atribuciones

—————————————————————-

 

Comenzamos la segunda parte de este curso, en la que trataremos del Espíritu Santo y su obra santificadora. Estudiaremos primero el misterio de la Santísima Trinidad, buscando ubicar a la Tercera Persona divina en su relación con las otras dos. De otra manera se dificultaría comprender quién es el Espíritu Santo, y cuál es su misión santificadora de los hombres.

 

La Iglesia enseña que la Santísima Trinidad es el mayor de todos los misterios de la fe:

 

“El misterio de la Santísima Trinidad es llamado por los Doctores la ‘substancia del Nuevo Testamento’, es decir, el mayor de todos los misterios, fuente y fundamento de todos los demás. Para conocerlo y contemplarlo fueron creados los ángeles en el cielo y los hombres en la tierra. Este misterio permaneció velado en el Antiguo Testamento, y para manifestarlo más es para lo que Dios mismo descendió entre los hombres desde la mansión de los ángeles: ‘A Dios nadie le vio jamás. El hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, ése nos lo dio a conocer’ (Juan 1, 18)” (León XIII, Encíclica Divinum illud munus, del 9 de mayo de 1897).

 

Tesis de estudio: El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay una sola esencia o naturaleza en tres Personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Clarificación terminológica.-

 

Las palabras persona y naturaleza no se toman aquí en el lenguaje corriente de los términos, sino de acuerdo a su significación filosófica (ver Catecismo, nn. 251 y 252).

 

Naturaleza o esencia es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tales (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo).

 

Persona, en cambio, es el sujeto que actúa, el ser individual y concreto de naturaleza espiritual. Juan López es una persona (en este caso, humana), que posee una naturaleza (en este caso, humana): en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona; en Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas.

 

Aunque esta verdad (y otras que veremos después) no quepan dentro de lo limitado de nuestras facultades, no por eso dejan de ser verdades y realidades. Las creemos no porque las descubra la razón, sino porque Dios nos las ha manifestado, y Él es infinitamente sabio y veraz. Pero, ¿dónde las reveló Dios?

 

7.1 Revelación del misterio de la Santísima Trinidad

 

La Trinidad es un misterio absolutamente inaccesible y trascendente, como inaccesible y trascendente es Dios mismo. La razón humana de suyo sólo llega hasta la naturaleza divina, hasta la existencia de un absoluto: luego su senda se pierde y termina. Dios ‘habita en la región inaccesible de la luz, a quien ningún hombre vio ni puede ver’ (I Tim 6, 16). En el origen del misterio de la Trinidad hay una confidencia divina. Una confidencia iniciada en los primeros días de la historia humana, continuada luego en forma progresiva y lenta, con el fin de que, a través de una admirable pedagogía, el hombre fuese introducido suave y duraderamente en lo más íntimo de la vida de Dios.

 

“La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los "misterios escondidos en Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto" (Cc. Vaticano I: DS 3015). Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo” (Catecismo, 237).

 

En el Antiguo Testamento hay alusiones veladas a este misterio, por ejemplo, en el hablar de Dios en plural: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza": Génesis 1, 26; así como también en las profecías mesiánicas: "Díjome Yahvé: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (Salmo 2); y en la constante referencia al "Espíritu" de Dios (Salmo 32, 50, 103, 138; Isaías 11, 2; 42, 1; etc.).

 

Dios no quiso, sin embargo, enseñar en el Antiguo Testamento de modo explícito este misterio quizá porque los judíos, propensos a la idolatría, hubieran tomado por tres dioses a las Tres Personas divinas.

 

Finalmente, en el Nuevo Testamento vino la revelación plena, a través de la venida del mismo Hijo de Dios. Fue Jesús de Nazaret quien descorrió el velo y nos permitió mirar en lo profundo y secreto del ser y de la vida de Dios. La revelación del gran misterio está, por tanto, vinculada a la realización de la salvación del hombre. Estos son los textos principales:

 

1) En el relato de la anunciación. Habla así el ángel del Señor a la Santísima Virgen María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1, 35). Se hace mención de tres personas: el Altísimo, el Hijo del Altísimo y el Espíritu Santo.

 

2) En el Bautismo de Cristo. El Padre hace oír su voz desde el cielo: "Este es mi hijo muy amado, escúchenlo". El Hijo estaba siendo bautizado por San Juan, y el Espíritu Santo descendió visiblemente en forma de paloma (Cf. Mateo 3, 17).

 

3) En el sermón de despedida. Jesús promete enviar, junto con su Padre, al Espíritu Santo: "Y yo rogaré al Padre, y les dará otro Abogado que estará con ustedes para siempre" (Juan 14, 16).

 

4) En el mandato misionero. Cuando Cristo envía a sus apóstoles a predicar el Evangelio les dice: "Vayan por todo el mundo enseñando a toda la gente, bautizándola en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28, 19).

 

5) En la primitiva comunidad. Ya San Pablo saludaba a los cristianos de Corinto con la expresión -que se utiliza hasta ahora en la entrada de la celebración eucarística-, "La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes" (II Corintios 13, 13).

 

“El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de fe" (DCG 43). "Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos" (DCG 47)” (Catecismo, 234)

 

7.2 Errores trinitarios

 

Los principales errores sobre la Santísima Trinidad se pueden agrupar en dos bloques:

 

1) Los que, buscando reafirmar la Unidad de Naturaleza en Dios niegan la trinidad de Personas, diciendo que las tres Personas, divinas eran sólo tres modos diversos de concebir a Dios (herejía de Sabelio: ver DS 112-115). A esta herejía se le conoce como modalismo o sabelianismo, y puede ejemplificarse con la aparición del único Dios con tres distintas máscaras o disfraces, es decir, tres distintos modos de aparecer.

 

(UNA NATURALEZA, NO TRES PERSONAS. O, en palabras equivalentes, una naturaleza, una persona)

 

2) Quienes, buscando asegurar la distinción de personas, niegan igualdad de Naturaleza. Es la herejía de Arrio.

 

(TRES PERSONAS, NO LA MISMA NATURALEZA. O, en palabras equivalentes, tres personas, tres naturalezas)

 

Arrio enseñó que el Verbo no existe desde la eternidad, y es desigual al Padre, por ser mudable y capaz de perfeccionamiento. Esta herejía fue condenada en el Concilio de Nicea, año 325 (ver DS 125-130). El Concilio redactó un Símbolo en el que se confiesa que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, engendrado de la sustancia del Padre, verdadero Dios consustancial con el Padre.

 

“Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, un solo Dios con él. El segundo Concilio Ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó "al Hijo Único de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre" (DS 150)” (Catecismo, 242).

 

7.3 Exposición especulativa del dogma trinitario

 

A ninguna inteligencia creada o creable le es posible comprehender el misterio de la Santísima Trinidad. El esfuerzo racional de los teólogos -principalmente de S. Tomás de Aquino- ha tratado de ilustrarlo a partir de los datos revelados: tarea que emprenderemos a continuación.

 

7.3.1 Distinción de las Personas

 

Las tres divinas Personas son distintas, pero no por su Naturaleza, ni por sus perfecciones, ni por sus obras exteriores. Se distinguen únicamente por su origen (Concilio de Florencia, Decretum pro Iacobitis, DS 1330).

 

1) No se distinguen:

 

a) Por su Naturaleza, que la tienen en común: la divina. No son, pues, tres dioses, sino un solo Dios.

b) Tampoco se distinguen por sus perfecciones, porque éstas se identifican con la Naturaleza divina. Ninguno de los tres es más sabio, más poderoso, más misericordioso: todos son infinitamente perfectos.

c) Ni por sus obras exteriores, porque teniendo los tres la misma omnipotencia, lo que realiza uno respecto a la realidad creada lo realizan los otros dos.

 

2) Se distinguen: por su origen.

 

-El Padre no proviene de ninguna otra Persona.

-El Hijo es engendrado por el Padre.

-El Espíritu Santo procede a la vez del Padre y del Hijo.

 

La realidad de los distintos orígenes de la Personas se llaman "procesiones" divinas. Las estudiaremos a continuación.

 

7.3.2 Las procesiones divinas

 

Procesión significa que una cosa se origina de otra. En este caso, procesión divina designa el origen de una Persona divina de otra por la comunicación de la esencia divina numéricamente una.

 

Es inútil buscar en el mundo físico un equivalente a este misterio, pues tal verdad sobrepasa el límite de lo creado. Es posible, sin embargo, alcanzar cierta profundización en esta verdad gracias a la Revelación.

 

Con respecto a la Primera y Segunda Personas divinas hallamos:

-por una parte, el empleo de términos relativos: Padre-Hijo (cf. Juan 1, 18; 14, 13; Gálatas 4, 4);

-por otra parte, que el Hijo es el Verbo del Padre: la Palabra interior con que se expresa totalmente a Sí mismo (cf. Juan 15, 26).

 

Con respecto a la Tercera Persona divina, se nos habla de Él como Espíritu, como Don, como Consolador. Se dice además que procede del Padre y del Hijo (Juan 15, 26).

 

A partir de estos datos revelados, y con base en la analogía de las potencias espirituales del hombre (inteligencia y voluntad), los teólogos han ilustrado -no explicado- este misterio.

 

7.3.3 Dios Hijo es engendrado por Dios Padre por vía de entendimiento

 

Cuando el entendimiento humano conoce una cosa -por ejemplo, una lámpara- forma de ella un concepto, también llamado palabra interior o verbo. Ese concepto formado es más o menos aproximado al objeto conocido.

 

De la inteligencia divina podemos suponer un comportamiento análogo. Dios conoce, y lo principal que conoce es su propio Ser, se conoce a Sí mismo.

 

Sin embargo, existe una diferencia muy grande entre el modo como conocemos nosotros y el modo como conoce Dios. En el hombre, el concepto tiene dos características:

-es distinto de la cosa conocida (la idea de lámpara no es la misma lámpara), y

-el concepto es un reflejo aproximado de lo que la cosa es; o sea que nuestro conocimiento no puede penetrar todo el ser de la cosa, muchos de sus detalles -y sobre todo su constitución íntima- se nos escapan.

 

Pero cuando es la Inteligencia Suma la que conoce, su conocimiento es perfectísimo. Y para que en realidad lo sea, ha de tener existencia propia (si puede desaparecer le faltaría tal perfección). Tal fuerza tiene Su pensamiento, es tan infinitamente completo y perfecto, que lo ha re-producido con existencia propia. A este Pensamiento vivo en que Dios se expresa a Sí mismo perfectamente lo llamamos Hijo de Dios.

 

Dios Padre es Dios conociéndose a Sí mismo; Dios Hijo es la expresión del conocimiento que Dios tiene de Sí. Por ello, la segunda Persona de la Santísima Trinidad es llamada Hijo, precisamente porque es generado por toda la eternidad, engendrado en la mente divina de Dios Padre.

 

7.3.4 El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo por vía de Voluntad y Amor

 

Para la procedencia de la Tercera Persona se toma como punto de referencia la otra operación del alma humana: la voluntad libre. El estudio de sus operaciones dará la clave para ilustrar la procesión del Espíritu Santo: Dios Padre, al conocer eternamente a su Verbo, eternamente lo ama, y lo mismo sucede en la relación de amor del Hijo al Padre.

 

El nexo de amor infinito y perfectísimo entre el Padre y el Hijo da lugar a una Persona divina subsistente, que es el Espíritu Santo.

 

Dios Padre (Dios conociéndose a Sí mismo) y Dios Hijo (el conocimiento de Dios sobre Sí mismo) contemplan la naturaleza que ambos poseen en común. Al verse (estamos hablando de modo humano), perciben en esa naturaleza lo bueno y lo bello en grado infinito. Y como lo bello y lo bueno suscitan amor, la Voluntad divina mueve a ambas Personas a un acto de amor infinito. Este amor infinitamente perfecto, infinitamente intenso, que dimana eternamente del Padre y del Hijo, es a Quien llamamos Espíritu Santo.

 

Ya desde el siglo IV ha habido controversias sobre el Espíritu Santo. Muchos pensaban que el Espíritu Santo es sólo un servidor subordinado al Hijo, una especie de ángel. Contra esta herejía se alzaron los tres grandes Padres de la Iglesia griega: San Basilio, San Gregorio de Nacianzo y San Gregorio de Nisa, declarando la verdad de la Revelación: el Espíritu Santo es la Tercera Persona divina, en todo igual al Padre y al Hijo.

 

7.4 Relaciones divinas

 

Inmediatamente derivadas de las procesiones se establecen las relaciones divinas entre una Persona y las otras dos. Las relaciones son:

a) Relación de paternidad, del Padre al Hijo;

b) Relación de filiación, del Hijo al Padre;

c) Relación de espiración activa, en la que el Padre y el Hijo espiran al Espíritu Santo;

d) Relación de espiración pasiva, en la que el Espíritu Santo es espirado por el Padre y el Hijo, como de un único principio.

 

SÍNTESIS: HAY EN DIOS UNA ESENCIA, DOS PROCESIONES, TRES PERSONAS, CUATRO RELACIONES.

 

7.5 Nombres de las Personas divinas

 

La primera Persona se llama Padre, porque ha engendrado a la segunda Persona, que es Hijo suyo por naturaleza desde toda la eternidad.

 

Jesucristo es el único Hijo de Dios por naturaleza; los hombres lo somos por adopción.

 

La segunda Persona se llama Hijo porque es engendrado por el Padre y posee su Naturaleza, y Verbo -es decir, Palabra- porque Dios Hijo es la "Palabra interior" que Dios Padre pronuncia cuando su infinita sabiduría conoce su esencia divina.

 

La tercera Persona se llama Espíritu ya que en el lenguaje bíblico espíritu significó, en un principio, viento, aire, impulso: la fuerza del amor que surge del Padre y del Hijo. Se agrega Santo porque a Él se atribuye de modo especial la santidad.

 

7.6 Actividad de las Personas divinas

 

7.6.1 Actividad interna y externa

 

Actividad interna o ab intra de Dios es la que hace referencia a las Personas divinas entre Sí; y externa o ad extra cuando se habla de la acción de Dios referida a su obra creadora.

 

La actividad interna de Dios es propia de cada una de las divinas Personas, porque se basa en sus relaciones de origen, que son propias de cada persona.

 

Así, sólo el Padre no procede de otra Persona; sólo el Hijo es engendrado por el Padre; sólo el Espíritu Santo procede del Padre y el Hijo.

 

Por el contrario, la actividad ad extra de Dios es común a las tres Personas, y así todo lo que hace una de ellas para con las criaturas, lo hacen también las otras dos.

 

7.6.2 Atribuciones

 

Aun cuando las operaciones ad extra sean comunes a las tres Personas divinas, se atribuyen algunas de ellas a Personas individuales, por su especial analogía con dicha operación:

 

-al Padre, principio sin principio, se atribuye la Creación;

-al Hijo, Verbo de Dios, las obras de Sabiduría, como la Redención y el Juicio Final;

-al Espíritu Santo las obras de amor, como la santificación de los hombres.

 

 

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