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Juan es su nombre

J. A. González Lobato
4 julio 2012
Sección: Caminando con Jesús, Santos clásicos

Nace Juan, el mensajero de Dios anunciando la llegada del Reino, aquél que llamará a la conversión y la penitencia para el perdón de los pecados.

I

En ese pueblecito de casitas bajas nace un niño. Se han congregado parientes y amigos que festejan a los padres, puesto que, verdaderamente, este nacimiento es un nacimiento prodigioso. Tiempo antes, Zacarías, el padre, ha quedado sin habla. Isabel es, igual que su esposo, de edad avanzada. Los dos, justos a los ojos de Dios.

Tres meses hace que han recibido en su casa la visita de una doncella humilde, pariente de Isabel. María, que, presurosa a través de la montaña, vino a estar con ella. Abrióse la puerta, y una muchacha judía, vestida también como una mujer común y corriente de su pueblo, estaba en el umbral. El niño Juan, aún en el vientre de su madre, da saltos de alegría al saludo de aquella joven recién llegada.

Y el pueblecito lejano, dormido en la falda de la montaña, con casas bajas de color de tierra, humilde, silencioso, es el sencillo escenario de la visita de la Reina de los Angeles.

Ajenos al nacimiento de este niño están los Césares en Roma, y los hombres importantes de Atenas y Jerusalén maquinan sus proyectos. Las Galias, la lejana España, hombres de todo el mundo, conocido e ignorado, no saben, ni sospechan, del nacimiento de este niño en aquel pueblo de las montañas de Judea.

Sin embargo, este niño es un mensajero de Dios. Las cosas más sublimes no las perciben todos. Sólo los más cercanos. No salen del ámbito familiar.

Es el que preparará los caminos del Señor. El Precursor.

II

Cuando parientes y amigos rodeaban tu cuna, entre ellos señalaba también el dedo de Dios.

El Señor envía a sus hombres entre los hombres.

Son la sal para este insípido mundo, sal que se gasta dando sabor. Son los que pisan la tierra con firmeza, con la firmeza decidida de los que la emplean como camino de paso. Y cuando un niño de éstos nace, los parientes no suelen advertirlo, pero allí está la mano de Dios.

Cuando Moisés, recién nacido, fue encontrado sobre el Nilo, abandonado a las aguas para librarle de la muerte, sólo el Señor sabía que aquel niño conduciría un día a su pueblo, subiría a hablarle a la cima de la montaña, abriría el mar Rojo a su paso y libraría al pueblo elegido de la esclavitud.

Y los niños que Dios envía, como Juan, al crecer, sorprenden al mundo con sus mensajes y ejemplos de vida, descubren cómo los hombres se esfuerzan inútilmente por quedarse sobre esta tierra, que es mero camino, y cuando se convencen que han de irse, luchan entonces por dejar un recuerdo, una huella de su paso.

Y escriben, y escriben…

Con la premura de quienes quieren decir mucho en poco tiempo. Y, mientras redactan sus cosas «importantes», se ríen de sus hijos pequeños, que se empeñan en trazar signos con sus dedos en el agua.

Escriben, quieren dejar una posteridad en un afán instintivo y sin reflexión: hacen fortunas, arte, política, literatura, fama… Eso es lo importante. Y desprecian a los que, con el mismo afán, usan escrituras más groseras.

Olvidan que, después, el tiempo lo borra todo; que la tierra, papel de su escritura, desaparecerá como una pavesa…. que vivimos sobre un astro moribundo; que sólo queda el amor con que se vive.

Y escriben, y escriben… Y mientras, se ríen de sus hijos pequeños, que se empeñan en trazar signos con sus dedos en el agua…

III

Juan será sincero. No adulterará su misión con consideraciones humanas, con tristísimos apegamientos a las cosas o circunstancias, que hoy son y mañana ya no existen. Vivirá entre los hombres, pero, fuera de esa miserable locura intrascendente, agarrado de la mano de Dios.

El Señor cuenta de él. Le dio una vocación para una empresa divina, y, aunque los hombres no lo entiendan, a Juan se le ofrece una oportunidad gigantesca. No gastará su vida escribiendo ni en el agua ni en la tierra. Escribirá en el cielo.

Juan vino a un mundo lleno de cosas, pero prescindirá de ellas. La verdad sin compromisos será su norma de vida. No sabrá de fórmulas y posturas acomodaticias, sino que buscará sin consideraciones la máxima eficacia de su misión. Desprendido de todo, nada torcerá su camino.

No enterrará su vocación en la tibieza, en las miras egoístas, como el siervo malo del Evangelio. Por eso dejará su casita en la montaña y bajará al desierto y al Jordán. Estará en medio de las gentes del mundo. Marchará sin titubeos hacia un futuro de ingratitud y martirio…

Y su rostro no estará nunca triste porque sabrá siempre de dónde le están llamando. Siempre fiel.

Dios llama a cada uno a través de un diálogo íntimo, singular, que ningún otro escucha. Hay algo propio e intransferible, aunque muchos oigamos o leamos un mismo mensaje externo. Él busca la fidelidad personal de cada alma. Es el Buen Pastor que conoce a cada oveja por su nombre.

En el binomio Dios-tú, solamente tú, y nadie más que tú está delante de Dios.

No importan las circunstancias. En cualquier lugar se puede y se debe ser santo. No valen excusas. Es preciso que todos los sepamos, que todos laboremos por crear en nosotros y en los que nos rodean pruebas vivas, hombres santos. Santos en todas las actividades, en todos los ambientes, en todas las profesiones. Es fácil pensar que, si estos santos no salvan al mundo, el mundo no tiene salvación.

Ojalá sientas tú, ahora que lees, «la mano de Cristo sobre la espalda, como una invitación de ala batiendo» 1.

Y al volver nuestros ojos a Juan, quiero deciros, significándoos esta bendita sencillez de las cosas de Dios, que en cualquier pueblecito, en cualquier domicilio, puede nacer un apóstol. Así como detrás de aquella figura común y corriente de una doncella judía se escondía nada menos que la Madre de Dios y la Reina de los Profetas.


1 J. B. TORELLO, Poema inédito.

Reproducido con permiso del Autor.

“Caminando con Jesús”, J.A. González Lobato, Ediciones RIALP, S.A.

Este libro puede comprarlo en www.beityala.com

Comentarios
1 comentario en “Juan es su nombre”
  1. hector perez Dijo:

    nunca lo habia tenido en cuenta a JUAN. QUE IMPOrtante que fue. que grande que fue. me gustaria aprender mas de el.




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