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Volver a casa

SheilaMorataya
29 agosto 2016
Sección: Blog, Sheila Morataya

manosdejesusTal vez deba escribir sobre esto. Quizá ayude a alguien. Acabo de ver un vídeo de Mi Padre Francisco en el que dice:

—Éste es el momento para decirle a Jesucristo: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”.

Qué verdaderas son estas palabras. Me han estremecido el alma.

Me habló a mí, que escapé de Su amor al no distinguir que caminaba por la noche oscura del alma. Al pensar que para Él, yo no era nada ni nadie. Al pensar que a nadie le importaba mi alma.

Sí, me deje engañar de mil maneras, al pensar que podía hacer las cosas sola. Al decidir caminar por caminos llenos de “yo”, de merecimiento y de autoestima falsa, de un orgullo sin sentido. Caminos que solo me condujeron a abismos de tristeza interminable, acantilados de resentimiento y la decisión de olvidar a Jesús como Maestro y Salvador.

Que fácil, “ahora veo “es dejarse engañar por el mundo, cuando el alma ya no ora, cuando se va dejando crecer el “yo” más y más hasta llegarse a ver a sí mismo como una víctima, como alguien en quien Dios no se fijó. Nada más lejos de la verdad.

Sin oración no se puede conocer a Jesús. 

Sin ese diálogo íntimo, de amigo a amigo, de la criatura a su Dios, no se puede comprender la vida, no se puede comprender el dolor…  y toda la humanidad se aniquila.

“Señor”, dice Francisco, “acéptame una vez más entre tus brazos, esos brazos redentores” y no se le pide dos veces y no hay que esperar nada porque Él conoce el corazón de quien le ama. Él conoce nuestras necesidades, nuestros sueños, nuestras vidas.

Con este post sólo quiero reflexionar sobre mi vida con Él, mi tradición y mi pasión hacia Él.

No hay nada más grande que pueda experimentar un corazón que ese amor tan único, irrepetible, indescriptible y abrazante, de ese hombre Dios llamado Cristo; para mí El León de Judá, el Cordero De Dios.

Yo también quiero suplicarle:

“Acéptame una vez más entre tus brazos, esos brazos redentores”.

Porque la vida comienza al encontrarme con Él.

La vida la sueño, terminar entre sus brazos.

 

FIRMASHEILA

Sheila Morataya
Austin, TX
sheilamorataya.co

 

Comentarios
1 comentario en “Volver a casa”
  1. Arturo Dijo:

    ¡Guau!, simple y profundo.




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