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“Medicamentos” para las heridas sociales

Luis FernandoValdés
9 diciembre 2016
Sección: Blog, Fe y razón

La sociedad actual vive amenazada por la oscuridad del desempleo, la violencia y la indiferencia. Las medidas políticas y económicas para revertir esta situación no bastan, porque se necesita erradicar la maldad del interior del hombre. ¿Qué otras soluciones se necesitan?

  1. Un grave problema social. Las diversas crisis que asolan a la sociedad afectan no solo la economía o la seguridad de las familias, sino que generan un clima de miedo y sobre todo de falta de esperanza. Y una sociedad sin esperanza se torna oscura.

Ya en 2009, Benedicto XVI había denunciado un fenómeno social que hoy es todavía más intenso: “el debilitamiento de la esperanza, una cierta desconfianza en las relaciones humanas en la que aumentan los signos de resignación, de agresividad y de desesperación”.

  1. La belleza como respuesta a la crisis social. Ante esas crisis sociales, junto con el gobierno y las instituciones civiles, los ciudadanos deben ser también responsables del cambio y, entre ellos, los artistas juegan un papel muy importante, porque la belleza es capaz de transformar a lo seres humanos.

Esta es la gran intuición del Papa Francisco, expresada en un mensaje enviado a los miembros de las Academias Pontificias. El Pontífice nos recuerda que los artistas son testigos de esperanza para la humanidad. Y por eso los invita a cuidar de la belleza, ya que “la belleza sanará tantas heridas del alma y del corazón del hombre de nuestro tiempo” (Radio Vaticana, 6 dic. 2016)

  1. Para sanar la maldad del corazón humano. La larga experiencia histórica enseña que cuando el ser humano se deja llevar por la indiferencia y la maldad, la mente humana es capaz de ingeniar los métodos más eficaces y crueles para destruir a las demás personas, como los campos de concentración o las armas de destrucción masiva.

Para hacer enfrentar a esa triste realidad, Francisco retomó una reflexión de su encíclica ‘Laudato si’, e invitó a “prestar atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitario”, pues “cuando no se aprende a pararse a apreciar y admirar las cosas bellas, no es extraño que todo se transforme en objeto de uso y de abuso sin escrúpulos”.

Por eso, Francisco en su mensaje apunta a una solución que realmente puede curar el interior herido de las personas que hacen el mal. Se trata de la belleza en todas sus manifestaciones, como el arte, la música, el cine, etc.

  1. Una “chispa de esperanza”. Como la belleza es una solución clave, el Papa se dirige a los artistas, especialmente aquellos que son creyentes, y les recuerda que tienen una tarea importante: “crear obras de arte que lleven pequeñas chispas de esperanza y de confianza a los lugares en que la gente parece rendirse a la indiferencia y la maldad”.

El Pontífice les pide a los arquitectos y pintores, escultores y músicos, fotógrafos y poetas, y a los artistas de cada disciplina, que hagan “brillar la belleza, sobre todo donde la oscuridad o los tonos grises dominan la vida cotidiana”. Se trata de ofrecer ámbitos donde podamos contemplar la realidad con una nueva mirada que sepa descubrir lo bueno y lo valioso.

El reto no es solo para los profesionales del arte, sino para todos, porque para devolver el anhelo de vivir a toda una sociedad, para buscar una esperanza verdadera, todos debemos reconstruir nuestro interior, dejar la malicia y la indiferencia, para retomar los valores verdaderos. Y en esto, el arte y la belleza son un “medicamento” eficaz.

 

lfvaldes@gmail.com

Columna 


P.ValdesPadre Luis-Fernando Valdés: Licenciado en Filosofía (U. Panamericana, México) y Doctor en Teología (U. Navarra, España), en este blog comenta las noticias más importantes de la semana, con un enfoque filosófico, desde la razón creyente.

Profesor de Teología de la Revelación y Teología Moral Fundamental, ha seguido semana a semana el Pontificado de Benedicto XVI y ahora los primeros pasos del Papa Francisco.

>> ver más artículos del P. Luis-Fernando Valdés

Comentarios
1 comentario en ““Medicamentos” para las heridas sociales”
  1. JOEL Dijo:

    SOLICITO TU MISERICORDIA

    Mediante la siguiente carta, me dirijo a ti personalmente con el fin de solicitar tu ayuda, por mi penosa situación en la que me encuentro, Intento no molestarte con mis problemas personales, familiares y económicos, pero otra vez pido tu generosa ayuda, es triste pedir, pero más triste es robar, mi nombre es Joel, soy de Perú, tengo 22 años de casado en lo civil y religioso con 4 hijos. he enviado reiteradamente mi petición de ayuda, ¿Por qué no hallo respuesta? ¿Por que el silencio? ¿Por qué tanta indiferencia? En todo caso si me ha respondido, gracias hermano (a) ¿Como puede ayudarme? ¿A quien debo acudir?, no le pido que me solucione todo mi problema, pero si vuestra ayuda y misericordia para hacer más llevadera parte de mi desgracia. mi dificultad es de índole personal, sentimental, moral, espiritual, económico y familiar. ha concluido el sínodo ordinario de la familia con la exhortación apostolica del Papa Francisco y leo tantas instituciones y personalidades existentes de la Iglesia que hablan sobre la Familia, tantas páginas web, blogs dedicadas a las familias. tienen programas, proyectos de ayuda a las familias. pero hasta ahora no tengo contacto con una institución que ayuda de modo directo y práctico a la Familia, visite ínsito el día a día de las familias: (pastoral familiar, prematrimonial, matrimonial y pos matrimonial), si usted conoce alguna por favor contácteme con ella y si no me cree le brindare las pruebas que requiera, pero por favor respóndame con esperanza y misericordia. He acudido a mi Parroquia y a mi Obispo, conocen mi necesidad, pero no pueden ayudarme más, les he pedido me contacten con instituciones o personalidades para ver mi caso, pero no ha sido posible contar con ello, por eso recurro a usted con la esperanza de lograr un contacto para recibir la ayuda que requiero con suma urgencia y necesidad. la Iglesia oficial actual, no solo no pregunta, sino tampoco contesta y a veces ni se entera de lo que realmente pasa, lo sé bien porque he preguntado y he solicitado a muchos, desde la Conferencia Episcopal, movimientos y órdenes religiosas y hasta el Nuncio, pero salvo alguna breve y evasiva respuesta, no he recibido más que silencio, un silencio insoportable. Es que ni siquiera por cortesía contestan.

    El tiempo del Papa es el tiempo de las personas. El cambio que propone el Papa Francisco no es doctrinal, sino de nuestras condiciones de vida, nos propone una conversión personal que va más allá de las estructuras eclesiales, de la curia, quiere una Iglesia samaritana. El clericalismo es uno de los males más serios que tiene la Iglesia, se aparta de la pobreza. El Papa Francisco advierte del riesgo que corren los pastores si se convierten en intelectuales de la religión, pues, se sienten superiores, se alejan de la gente, el clericalismo es un mal que aleja al pueblo de la Iglesia. El clericalismo es una de las formas de riqueza y soberbia más graves que sufre hoy día la Iglesia. Hoy Jesús nos dice a todos nosotros, y también a los que están seducidos por el clericalismo: “Los pecadores y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el Reino de los Cielos”. Lo que Jesús quiso es discípulos que le siguen, es decir, que viven como vivió Jesús, dedicado a curar dolencias, aliviar penas y sufrimientos, acoger a las gentes más perdidas y extraviadas. Así nació el “movimiento de Jesús” y así se expandió por el Imperio. Hasta que, progresivamente, la creciente importancia del clero y sus ceremonias, sus templos, sus normas, etc, desplazo el Evangelio por la Religión, se paso de la compasión por los que sufren a la observancia y la sumisión a la religiosidad establecida, la falta de ejemplaridad de no pocos hermanos; cardenales, obispos, sacerdotes, diaconos, religiosos y religiosas, laicos, todo eso se puede discutir, todo eso se debe precisar y ajustar a la realidad, para no difamar a tantas buenas personas, que, desde su vocación religiosa, trabajan por los demás. Esto es verdad y se ha de tener muy en cuenta. Pero más importante y más apremiante, que todo lo dicho, es el hecho de que, paulatinamente, progresivamente, el desplazamiento, del “discipulado evangélico” al “clero eclesiástico”, ha sido y sigue siendo la raíz y la causa de la descomposición del proyecto original de Jesús. El Evangelio perdió fuerza a costa del poder que alcanzó y sigue ejerciendo el Clero y lo que es peor, el Clericalismo. Hermanos, cardenales, obispos, sacerdotes, diaconos, religiosas y religiosas, laicos, les ruego que sean mediadores del amor de Dios, no intermediarios que piensan en su propio interés. no carguen sobre los fieles pesos que ustedes no llevan. apartence de la tentación de la mundanidad que los transforma en funcionarios.

    Muchos prefieren la Ley al Evangelio, en Amoris Laetitia, hay respuestas contundentes y sin contradicción alguna, que no sea la requerida por un corazón de piedra. Un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones «irregulares», como si fueran piedras que se lanzan sobre la vida de las personas. Es importante observar que Amoris laetitia recuerda primero y sobre todo la misericordia y la compasión de Dios, más que únicamente las reglas morales y reglamentos canónicos de los hombres. Quien no conoce la ternura de Dios no conoce la doctrina cristiana, tenemos que entender a las ovejas perdidas, todos tenemos algo, de oveja perdida. Jesus viene como juez, que acaricia, lleno de ternura, hace de todo para salvarnos, no viene “A CONDENAR SINO A SALVAR”. Nos busca a cada uno de nosotros, nos ama personalmente, no ama a la masa indistinta, sino que nos ama con nombre, nos ama como somos. La gran preocupación de Jesús no era si la gente pecaba más o menos, sino si tenía hambre o estaba enferma.

    ¡Que Dios nos libre del funcionalismo y de caer en la trampa de la avaricia! Es el aislarse lo que hace mal, no el compartir, cuando nos preocupamos del otro nos complicamos menos la vida, que cuando estamos concentrados solamente en nosotros mismos, La experiencia nos dice que normalmente recibimos de los otros más de lo que damos. Hay que luchar para hacer una Iglesia pobre y para los pobres, según el Evangelio. Comenta el Papa Francisco; los detractores hablan mal de mí, y yo me lo merezco, porque soy un pecador, es lo que pienso, pero aquello no me preocupa. “La fe cristiana no es una teoría o una filosofía, es el encuentro con Jesús”, afirma el Papa. La Iglesia en salida no hay que inventársela, pues la tenemos ya dentro de las comunidades

    Que este Año de la misericordia no caiga pronto en el olvido, sino que se encarne en nuestras vidas, se acaba el Año Santo, pero no debe acabar la práctica de la misericordia, se cierran las puertas, pero se abren ventanas. No quiero que nadie esté solo, como ese cuerpo de Jesús abandonado en algún lugar, dónde grita Jesús lleno de abandono, en tantos que nos gritan cuando no escuchamos, recuerdo las palabras del Papa Francisco: “Los tesoros de la Iglesia no son sus catedrales, sino los pobres, con su presencia nos ayudan a sintonizarnos en la longitud de onda de Dios, a mirar lo que Él mira: Él no se queda en las apariencias. ¿Qué tiene valor en la vida, cuáles son las riquezas que no pasan? Está claro que son dos: el Señor y el prójimo. ¡Estas dos riquezas no pasan! Estos son los bienes más grandes que hay que amar. Jesús y el prójimo. Jesús oculto en el prójimo. Me emociona pensar en tantas custodias dónde Él está. Ahí no lo adoro, a veces lo desprecio, porque su apariencia no es dorada y no me interesa. En ese pobre al que no conozco, y necesita que yo esté. Y me olvido. ¡Tantas veces olvido a Jesús en los que me necesitan! No adoro. Y a lo mejor vengo a adorarlo en una custodia de oro, pero no pierdo el tiempo con el que no es admirable, con el que está herido, con el que ha sido rechazado y olvidado. Nunca cerremos la puerta de la reconciliación y del perdón. La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos, recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado.

    La unidad se hace por tres caminos: caminar juntos con las obras de caridad, rezar juntos y reconocer la confesión común tal y como se expresa en el ecumenismo de la sangre, servir a los pobres quiere decir servir a Cristo, porque los pobres son la carne de Cristo y si servimos a los pobres juntos quiere decir, que nosotros los cristianos nos encontramos unidos tocando las llagas de Cristo. La exigencia de aconsejar, amonestar y enseñar no nos ha de llevar a considerarnos mejores que los demás, sino, más bien, nos impulsa a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. Pedir perdón nos libra de la culpa y perdonar nos libra del dolor, si cada uno de nosotros hace una obra de misericordia al día, se producirá una revolución en el mundo, la mejor manera de evangelizar es actuar, “ponerse en camino”. La comunicación no hace callar al otro, sino que relanza el diálogo, nos involucra y al mismo tiempo nos deja libres.

    El analfabetismo sentimental, es la enfermedad que nos impide leer los sentimientos y nos convierte en ignorantes en el campo de los afectos. ¿Los síntomas? Inseguridad ante el cariño de los demás e incapacidad de percibir las necesidades de los demás. ¿Te has preguntado si te has transformado quizás en una especie de máquina fría y distante, en general o respecto a alguna persona en concreto? Tienes muchos números de sufrir esta especie de ceguera que te impide descubrir al otro y las novedades que siempre guarda en su interior. Cuidado porque esta enfermedad destruye o deteriora las relaciones que exigen el mantenimiento de la tensión argumental, como el matrimonio, y puede desembocar en un aburrimiento fatal, o en llenarse de normas y ritos para acallar los sentimientos.

    Tengo necesidad de ti, para creer mejor, superar esta dificultad, tengo necesidad de tu ayuda para vivir. Ante mi desgracia, lo que cuenta es tu cercanía “sin hacer discursos”, tu presencia y oración, así me ayudas ante mi sufrimiento. Me dirijo a ti, en mi condición de huérfano en esta tierra, para que seas consuelo de este triste hermano tuyo, amparo de este desvalido, pobre, triste y necesitado, a ti dirijo hoy mis lágrimas y penas, mis ruegos y mis esperanzas; hoy te traigo, una pena que consueles, un mal que remedies, una desgracia que impidas, una necesidad que socorras ahora, quiero que me cambies la vida, me brindes una oportunidad, tu solidaridad, ven y ayúdame, te suplico tu atención y compañía a mi familia herida, que vive y siente día a día el abandono y desamparo: El hambre y la miseria entro en vigencia en mi familia y no nos da tregua, no nos pidas que esperemos tiempos mejores. acude ahora en mi ayuda. Esta es mi voz que no pudo oírse, no se oyó, ni se oye hoy en los Sínodos de la familia. El Papa Francisco sabe que hay que llegar a todos sin excepción, y eso le da credibilidad, comunica tan bien porque escucha muchísimo, lleva toda su vida escuchando a gente, sobre todo sencilla, el secreto es saber escuchar, las palabras sencillas llegan más lejos que las complicadas.

    Triste son mis días, pues me he vuelto invisible para todos, la vida me es bastante dura, complicada, muy difícil, mis días son más oscuros de lo normal, se asoman tiempos de incertidumbre y el estrés anda por todo lo alto posándose sobre mi, cargada de piedras que debo llevar a toda costa. Si abro bien los ojos del corazón, puedo darme cuenta de que mi fe se fortalece aún más, no en los tiempos fáciles de la vida, sino en los más difíciles, en aquellos momentos que más me cuesta tener fe, muchas veces anhelo días sin preocupaciones, sin embargo, debo saber que no estoy solo, Dios y tu, toman mi mano, y sin darme cuenta, me consuelan y me dan su auxilio en estos tiempos más oscuros.

    Te alcanzo estas formas de ayuda:

    1. Generar una cadena de oración, ayuno, limosna, intencionando por mi desgracia y de todas las familias del mundo
    2. Facilitarme y/o recomendarme un trabajo (le facilitare mi CV si así lo requiere)
    3. Procurarme un bienhechor, padrino, madrina o institución de asistencia y ayuda familiar, mi necesidad no se soluciona con pequeñas limosnas, sino con una ayuda permanente y constante
    4. Contactar con su santidad el Papa Francisco.
    5. Una beca para especialización y/o obtención de grado académico, mi situación económica no me permite seguir haciendo estudios de especialización que hoy exige el mercado laboral
    6. Visitar insitu mi hogar y de otras familias. ¿Qué hermoso, prudente y conveniente sería que nuestros hermanos (as) en la fe, acudan a nuestro llamado, nos escuchen, nos acojan y nos ayuden, según su voluntad y posibilidad? El amor y la misericordia es la medida de la fe
    7. Apoyarme con una donación a mi número de cuenta CÓDIGO SWIFT – BANCPEPL – número de C.C.I. 018-421-004421409590-81 – número cuenta ahorros soles: 04-421-409590 – DNI N° 23266856. Esta donación me permitiría generar un medio de trabajo, pues no tengo ningún ingreso, necesito una oportunidad, no me la niegues por favor.

    Hermano, quiero tenerte cerca

    Quedo a tu disposición para cualquier duda o sugerencia que tengas y te ruego estudiar y atender mi caso personalmente. Felices quienes no se acostumbran nunca a la insensibilidad, quienes saben que lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia, el desinterés, la desgana. “Señor, auméntanos la fe” No nos dejes caer en un cristianismo sin cruz. Gracias por lo que me toca. Dios te bendiga y que te vaya muy bien.

    Gracias por tu ayuda, que Dios te bendiga.
    Afectuosamente tu hermano Joel.

    CUANDO EL SACERDOTE JOSEPH RATZINGER PREDIJO EL FUTURO DE LA IGLESIA

    En 1969, se encontraba el sacerdote Joseph Ratzinger en una radio alemana respondiendo con sus reflexiones. Aquí están sus comentarios finales: De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica. Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura hasta la renovación del siglo XIX.

    Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, ya exánime, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte. La Iglesia católica sobrevivirá a pesar de los hombres y las mujeres, no necesariamente gracias a ellos. Y aun así, todavía nos queda trabajo por hacer. Debemos rezar y cultivar el autosacrificio, la generosidad, la lealtad, la devoción sacramental y una vida centrada en Cristo. En 2007, se publicó Fe y futuro, un libro donde queda recogido al completo este discurso del padre Joseph Ratzinger.




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