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Donde el racismo eclipsó a la razón

Luis FernandoValdés
18 agosto 2017
Sección: Blog, Fe y razón

Días de polémica por la discriminación racial en Estados Unidos, que iniciaron con una manifestación violenta en Charlottesville y se han prologando por las declaraciones de Trump. ¿Por qué sigue existiendo el racismo hoy día?

  1. Una manifestación con tinte racista. El motivo de la concentración de los llamados “ultranacionalistas blancos” en Charlottesville (Virginia) fue la retirada de una estatua del general confederado Robert E. Lee.

Estos manifestantes llegaron para protestar que se quitara ese monumento, pero se encontraron con otra manifestación de opositores. Se generó un violento enfrentamiento que dejó una persona muerta y 19 heridos (Notimex, 13 ago. 2017).

El fondo de las protestas de los supremacistas blancos es claramente de corte racista, ya que se oponían a la remoción de un símbolo del esclavismo, la estatua del General Lee quien dirigió el ejército de los Estados Confederados (del sur) que no aceptaban la abolición de la esclavitud, en la guerra civil de Estados Unidos, entre 1861 y 1865.

  1. Racistas amparados por la constitución norteamericana. En Estados Unidos, el derecho a la libertad de expresión está protegida por la Primera Enmienda (1791) de la Constitución. De tal manera que los ciudadanos pueden decir o escribir sin restricción lo que piensan, y también pueden realizar cualquier gesto o portar cualquier signo gráfico para expresar sus opiniones.

El Prof. Darren L. Hutchinson explicó a BBC Mundo el alcance de esta ley: “Si un estado, por ejemplo, decide restringir en su territorio el uso de símbolos nazis debido a su mensaje, esto podría constituir una restricción basada en un punto de vista y probablemente violaría la Constitución”. (BBC Mundo, 16 ago. 2017)

Por contraste, en Alemania están prohibidos todos los símbolos del nazismo, los “discursos de odio” y la existencia de grupo de tipo neo-nazi. Casi al mismo tiempo del atentado en Charlottesville, un ciudadano estadounidense era golpeado y luego apresado por hacer el polémico saludo de “Heil Hitler” en Dresde (Alemania). (Ibídem)

  1. Cuando se eclipsa el sentido común. Hoy día resulta prácticamente evidente que todos los seres humanos somos iguales, por el mero hecho de ser personas. Sin embargo, a lo largo de la historia esta realidad fundamental no siempre fue conocida.

En el mundo griego y romano clásico, la esclavitud era vista como algo natural y ante la ley existían tanto hombres libres como siervos. Fue el Cristianismo el que inició todo un movimiento a favor de la igualdad radical, ya que sostiene que “no hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3, 28).

Por eso, ya que ante Dios todos los hombres son iguales, todo hombre posee la misma dignidad y puede reclamar los mismos derechos como persona. Por eso, toda discriminación social, racial, sexista, cultural o religiosa de la persona es una injusticia inaceptable. (Cfr. YouCat, 330).

Epílogo. La democracia se puede estrangular a sí misma, como en el caso de Charlottesville, donde la tutela de la libertad de expresión terminó por amparar la apología del racismo y la violencia.

El punto clave es que la libertad de expresión es esencial pero no es absoluta. Por eso, la libre manifestación de las ideas nunca puede oponerse a las realidades que la fundamentan, como lo son la vida, la dignidad personal y la igualdad que de ella se deriva. Donde una ley permite la apología del racismo o de la violencia, ahí se ha eclipsado la razón y ahí se atropellará al ser humano.

 

 lfvaldes@gmail.com

Columna 


P.ValdesPadre Luis-Fernando Valdés: Licenciado en Filosofía (U. Panamericana, México) y Doctor en Teología (U. Navarra, España), en este blog comenta las noticias más importantes de la semana, con un enfoque filosófico, desde la razón creyente.

Profesor de Teología de la Revelación y Teología Moral Fundamental, ha seguido semana a semana el Pontificado de Benedicto XVI y ahora los primeros pasos del Papa Francisco.

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