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Creo en El Espíritu Santo

SheilaMorataya
5 junio 2017
Sección: Blog, Sheila Morataya

CREOELELESPIRITUSANTO.ENCUENTRA.COM.INT“Pero yo les digo la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito, pero si me voy se los enviaré” (Jn 16,7)

El Espíritu Santo cubre la tierra entera. Él “es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo”, (Catecismo 685) que se nos da si lo invocamos, si lo pedimos. Que ilumina, que habla, que da poder, tal y cómo lo dijo el Señor antes de su partida.

Cristo, indica que a ti y a mí nos conviene que Él se vaya para que, el valor de su muerte, que es una muerte redentora y que constituye la condición para que se cumpla el plan de la salvación de Dios y que tiene su coronación con la venida de este Espíritu Santo. Por ello invocar al Espíritu Santo es invocar al Padre, es invocar al hijo. Así nos lo dice el Credo de Nicea-Constantinopla: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con El Padre y el Hijo recibe una misma adoración y Gloria y que hablo por los profetas……” y que hoy habla por medio tuyo y mío cuando con todo nuestro corazón y toda nuestra voluntad lo invocamos y somos sensibles a la educación que le da a nuestro pensamiento, a nuestro corazón y a nuestra alma.

En verdad el Espíritu Santo nos da poder. Poder que nos impulsa hacia una nueva vida y nos anima a vivir el Evangelio. Poder que arranca el pecado, las malas conductas, poder que sana el corazón adolorido. Poder que otorga una nueva vida para llevar a los otros el mensaje de Cristo, de manera que tú y yo nos volvemos otro Jesús que nace, que viene, que ama, que mira, que sana.

Este poder en verdad lo dejo Jesús para nosotros para que nos enseñe a vivir, para que las enseñanzas de Jesús no se pierdan. Y que la tierra y los hombres sigan renovándose, convirtiéndose, preparándose para nacer a una vida que es eterna “cuando venga Él, es Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa”(Juan 16,13) y nos guiará como una persona, no tan solo como un poder o fuerza que si bien leemos en la escritura “de Él salía una fuerza” Lucas 6:19

Cuando Jesús habla a los apóstoles (nosotros) les dice: “Ustedes lo conocen, porque mora en ustedes y en ustedes está” (Juan 14:17) , de manera que después del nacimiento cada uno es de verdad una nueva criatura, con los vestidos del Espíritu Santo en la piel, la mente y el corazón “clama en nuestros corazones (Gal 4,6) y distribuye sus dones a cada uno en particular según su voluntad (1 de corintios 12, 11).

En mis sueños, como el que he tenido el día de hoy el Espíritu Santo se manifiesta. Ahora sé que es inmerecidamente. Que uno en verdad es nadie, es una persona ordinaria, que inclusive no necesariamente tiene esa vida que se lee de los santos, pero que lucha a diario por servirle con toda su intención y su corazón a Dios.

Han sido unas semanas muy intensas para mí. En las que me pregunto muchas veces a dónde me lleva Dios. Hay días en los que le pregunto al Señor: ¿Es esto lo que quieres que haga? ¿De esta forma quieres que ayude al mundo? Pues precisamente ayer, en que se manifiesta la venida de esta Persona, invoqué al Espíritu Santo muchas veces en un recogimiento interior, con mis ojos cerrados y mi corazón puesto en Él. Repetía: “Espíritu Santo ven”.

Hice esto hasta que me quede dormida. En mi sueño el Espíritu Santo vino y me mostró la inmensidad de la tierra. La majestuosidad de la belleza que ha creado Dios. Vivimos en una tierra que se caracteriza por unos acantilados y una belleza que nuestros ojos físicos no han visto jamás. En las noches nuestra alma la contempla, la ama y se carga de un amor infinito y de un compromiso que no pueden tener aquellos que no han conocido la verdad. Que Jesús es Dios, que Jesús está vivo y que es la vida en Él lo que da plenitud, consciencia de ser hijo de Dios y compromiso con esa verdad.

En mi sueño contemplé que cuando dormimos la tierra completa se llena de una luz extraordinaria pues el Espíritu Santo sobrevuela los cielos y el universo repartiendo los dones que son los que hacen que no muramos al pecado y que nos dan claridad de vida para que el plan perfecto de Dios sea una realidad en nuestras vidas. “El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios” (1 de Cor 2,10).

Yo le pido hoy de manera muy especial por ti y por mí, para que aunque no termine de comprender “no entendían” (Mc 8, 21) o entienda mal las palabras y obras de Cristo (Mt 16, 6-11) este Espíritu de la verdad me guíe a la verdad completa (Juan 16, 13) y que yo con una convicción que se inamovible diga: “Sí, Jesús es Dios, Jesús es El Señor y yo su humilde discípulo y su siervo”.

Santa María del amor hermoso, ruega por nosotros para que creamos.

Sheila Morataya
Austin, TX
sheilamorataya.co

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