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De la soledad original a la soledad postmoderna: El Sínodo

OscarFidencio Ibáñez
5 octubre 2015
Sección: Blog, catblog

La soledad original del hombre fue observada por Dios en su corazón y dijo: “No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. (Génesis 2, 18) Entonces Dios creó a la mujer con la misma dignidad del hombre puesto que es “hueso de mis huesos y carne de mi carne”. (Génesis 2, 23) De ahí que “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2, 24)

El corazón del hombre ciertamente encuentra su plenitud en la mujer, y esa unión ha logrado crear la célula básica de la sociedad si la consideramos como metáfora de un organismo vivo. Diversas culturas han tenido distintas expresiones de la unión del hombre y la mujer, incluyendo la poligamia, y también la denigración de la mujer hasta considerarla objeto de placer o de procreación, sin un valor y dignidad por sí mismas con abusos que persisten hasta la fecha.

La institución matrimonial monogámica ha demostrado ser no solo una protección para la mujer y la familia, sino una verdadera base para cualquier construcción social sana. Se han documentado académicamente los beneficios tanto económicos, sicológicos y sociales para los miembros de familias con padre y madre que se mantienen unidos, respecto a los beneficios que se dan en familias que sufren de separación de cualquier tipo, ya sea voluntaria o involuntaria o incluso aquellas que por diversas razones sólo cuentan con uno de los progenitores desde su inicio.

El asunto de mantener la unión matrimonial y la armonía al interior de la familia cuente o no con hijos no es fácil, por eso se habla de la necesidad de mantener esa unión con el vínculo del Amor que viene de Dios, para contrarrestar la “dureza de corazón” (Marcos 10, 5) que nos puede llevar al rompimiento o al maltrato del cónyuge o los hijos, provocando graves consecuencias para los miembros de la familia y la sociedad, por supuesto el divorcio no es un asunto nuevo.

En nuestra época existen algunas tendencias que se manifiestan como características particulares del postmodernismo, un exacerbado individualismo que disminuye las interrelaciones que fortalecen a la comunidad; se renuncia explícitamente a convenciones o valores sociales históricos para optar por nuevas modalidades de convivencia, que entre sus características privilegian la fugacidad sobre la permanencia, la conveniencia personal sobre el compromiso o solidaridad con el otro.

El corazón del hombre sigue experimentando la soledad, ahora ya no una soledad original referida a su aparición en la historia, sino a la soledad que se construye en la disociación de vínculos; una soledad que se construye en el rechazo a la complementariedad y unidad del hombre y de la mujer que da origen a la sociedad.

La búsqueda por acabar con la soledad es permanente, como se hace evidente en las parejas que después de romper un vínculo matrimonial buscan nuevamente el matrimonio, sin embargo, una tendencia actual es la de muchos jóvenes que deciden no casarse, sino simplemente vivir juntos, en algunos casos evolucionando hacia el matrimonio, pero en muchos otros con la convicción de la temporalidad y el compromiso restringido que puede o no formar una familia.

También la soledad posmoderna provocada se busca resolver mediante interacciones virtuales a través de redes sociales, en la crianza de mascotas, o en las relaciones entre personas del mismo sexo por mencionar solo algunas.

Hoy la soledad parece ser una enfermedad social que afecta a niños, ancianos, jóvenes y adultos, y una de sus manifestaciones sin duda es la crisis familiar ¿y cómo no serlo si la complementariedad fecunda entre hombre y mujer está en la base del tejido social y de las interacciones humanas más profundas?

Es en este contexto en que el Papa Francisco convocó al Sínodo de los Obispos que busca alternativas pastorales para fortalecer la familia y el servicio a sus miembros, para encontrar caminos que renueven los compromisos, y que atiendan a los heridos en el camino de la búsqueda por acabar con la soledad. Estemos atentos a sus deliberaciones y conclusiones.

La crisis presenta nuevos retos a la sociedad que se deben atender, la Iglesia como institución importante que dialoga con creyentes y no creyentes, busca renovar el compromiso y actitud de sus miembros que le permita llevar mediante el testimonio, la Buena Nueva de amor y misericordia de Dios a todo el mundo, para sanar los corazones de la soledad original y también de la posmoderna.


Oscar Fidencio Ibáñez Hernández
@OFIbanez

Casado, padre de 3 hijos, profesor e investigador universitario, y bloguero. Ingeniero Civil, Maestro en Ingeniería Ambiental y Doctor en política y políticas ambientales.

Mexicano, católico, autor entre otros textos de “El Espíritu Santo en tiempos de Twitter: Documentos del Concilio Vaticano II para tuiteros. Celebrando el #AñoDeLaFe”

Admirador de la Creación en todas sus dimensiones. Nací en La Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte (Hoy, Ciudad Juárez, Chihuahua).

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