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A Santo Tomás de Aquino lo debemos de estudiar todos

SheilaMorataya
30 enero 2018
Sección: Blog, Sheila Morataya

SantoTomasdeAquino.encuentra.com.intUna de las oraciones que más me gusta repetir cada vez que me dispongo a estudiar o a dar una conferencia es la siguiente:

¡Creador Inefable!
Tú, que eres la verdadera fuente
de luz y de sabiduría
y el principio supremo,
dígnate infundir
sobre las tinieblas de mi inteligencia
el resplandor de tu
claridad,
apartando de mí la
doble oscuridad en que he nacido:
él pecado y la ignorancia.

Tú, que haces elocuente la
lengua de los niños, educa
también la mía
e infunde en
mis labios la gracia de tu bendición.

Dame agudeza para entender,
capacidad para asimilar,
método y facilidad para aprender,
ingenio para interpretar
y gracia copiosa para hablar.

Dame acierto al empezar;
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Tú, que eres verdadero Dios
Hombre, que vives y reinas
por los siglos de los siglos. Amén.

Ésta es una oración bellísima de Santo Tomás de Aquino, quien escribiera la “Suma Teológica”, un tratado de Teología que explica las verdades de Dios y del ser y a quién nuestra santa Iglesia celebra cada 28 de enero.

Santo Tomás es el santo de la formación, de la inteligencia y de la educación de la voluntad. Pero además una persona que antes de escribir oraba a Dios.

Su brillante y clara inteligencia la puso al servicio de Dios desde muy joven. Nunca comenzaba a escribir o enseñar sin antes invocar y pedir al Espíritu Santo iluminación.

Era un hombre del Sagrario. Pasaba largas horas ahí, metido en Dios, contemplando a Dios, conociendo a Dios, escuchando a Dios en la oración y en el silencio para después escribir.

Tras haber escrito unos tratados bellísimos sobre Jesús en la Eucaristía, un día sintió que Jesús le decía: “Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?”. Y el santo le respondió: “Señor, lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más”.

Su vida fue una búsqueda profunda de Dios y Su amor.

Al pensar en Santo Tomás recuerdo los años en los que tuve mi primer encuentro con Dios y luego ser invitada a unas clases de formación que me llevaron a salir de la doble oscuridad en la que había nacido: el pecado y la ignorancia, tal y como lo dice en su oración.

Estoy convencida que la ignorancia en torno a lo que somos, es lo que nos lleva a pecar en la vida y a provocarnos hondas heridas que nos dejan medio muertos. Por ello es tan importante no sólo la devoción a Dios, sino también conocer quién es Dios y que hace en la persona, en su inteligencia y voluntad con esa relación que se llegue a tener con Él; porque conociéndolo, lo amarás.

La oración continua, y la formación en nuestra inteligencia nos ayudan a perseverar en la fe, a no estar a merced de las tentaciones del mundo y los estados de ánimo y sentimiento que muchas veces es tan frágil y cambiante.

Yo soy testigo que la vida de una persona es iluminada, embellecida, fortalecida y elevada a un nivel existencial profundo cuando se ha salido de la confusión que traen todo tipo de propuestas espirituales, que no necesariamente persiguen la salvación de nuestra alma.

La vida con Dios es lo más hermoso en cuanto a la experiencia de ser persona. No hay nada que humanice más que decidir sentarse unos minutos en silencio para conocer nuestra naturaleza como hijos amados de Dios.

Seríamos completamente felices si cada día nos propusiéramos hacer diez minutos de silencio. Tomar un libro de lectura espiritual. Leer 5 minutos la santa Biblia y proponernos estar en presencia de Dios todo el tiempo.

Tú y yo somos hijos de Dios en la tierra. Debemos tener “piedad de niños y doctrina de teólogos”, decía San Josemaría Escrivá de Balaguer a sus alumnos.

Entre más conocemos nuestra fe con más devoción y reverencia tratamos a Jesús. Jesús es el Hijo de Dios, no es cualquier maestro, no es como esos iluminados que tanto vemos por ahí en estos días modernos.

En vista que tú y yo, que hemos sido escogidos para llevar el mensaje del Amor y la compasión a los pueblos, nunca nos cansemos de formar nuestra inteligencia y voluntad. Así como exploramos y nos empeñamos en encontrar una dirección cuando nos perdemos, conviene seguir conociendo la naturaleza de la que estamos hechos, para poder iluminar nuestro mundo como necesita ser iluminado.

¡Que Santa María y el buen san José nos conduzcan hacia la eternidad!

FIRMASHEILA

Sheila Morataya
Austin, TX
sheilamorataya.co

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