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El mérito

Enrique Pardo Fuster
10 julio 2008
Sección: Biblia en la Teología

Tratado XI

1. Existencia

2. Condiciones

3. Condiciones. Puede merecer «de condigno»

4. Condiciones. No puede merecer «de condigno»

5. Condiciones. Puede merecer «de congruo»

6. Otras características

7. La recompensa

1. El Mérito. Existencia

-Existencia

-El hombre puede lograrlos ante Dios

-Incluso por las obras más insignificantes

-El hombre merece recompensa de Dios por las obras buenas hechas en gracia

-El hombre en gracia

-Puede merecer el aumento de la gracia la vida eterna y el aumento de la gloria

-El hombre en pecado no puede merecer la gracia

-El hombre sin la gracia nada puede merecer para la vida eterna

-La primera gracia actual no se puede merecer

-El justo no puede merecer ser justificado otra vez, después de haber caído en pecado

-Existe el mérito.

Mérito es el valor de toda obra buena digna de retribución.

Se divide en natural y sobrenatural.

El mérito natural procede de toda obra realizada solamente por las facultades naturales.

El mérito sobrenatural es toda obra buena hecha en obsequio a Dios, que procede la gracia de Dios, y que le mueve a retribuirlo con un dos sobrenatural.

Yahvéh dijo a Abram:

«No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande» (Gén. 15, 1).

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos,… (Mt. 5, 12).

Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta (Mt. 16, 27).

…cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,… (1 Cor. 3, 8).

-El hombre puede lograr méritos delante de Dios.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos,… (Mt. 5, 12).

…si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,… (1 Cor. 3, 8).

Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación (2 Tim. 4, 8).

Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (Apoc. 2, 10).

Mira, pronto vendré y traeré mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo (Apoc. 22, 12).

-El hombre en gracia de Dios puede obtener méritos incluso por las obras más insignificantes.

Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa (Mt. 10, 42).

-El hombre justo merece una recompensa ante Dios por las obras buenas hechas en gracia.

a) -El hombre justo merece una recompensa por las obras buenas.

todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y para los hombres, conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa (Col. 3, 24).

…cada cual recibirá el salario según su propio trabajo, ya que somos colaboradores de Dios,… (1 Cor. 3, 8-9).

b) -Para merecer es necesario que las obras estén hechas en gracia.

…aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy (1 Cor. 13, 2).

-El hombre en gracia puede merecer con sus buenas obras, el aumento de la gracia, la vida eterna y el aumento de la gloria.

a) -Puede merecer el aumento de gracia.

…por una corta corrección recibirán larga recompensa, pues Dios les sometió a prueba y les halló dignos de sí;… (Sab. 3, 5).

b) -La vida eterna.

Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros (Rom. 8, 18).

En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna,… (2 Cor. 4, 17).

Esto es señal del justo juicio de Dios, en el que seréis declarados dignos del Reino de Dios, por cuyas causa padecéis (2 Thess. 1, 5).

c) -El aumento de gloria.

Y desde ahora me aguarda la corona de justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación (2 Tim. 4, 8).

Aclaración. El aumento de gracia es una justa recompensa el aumento de obras buenas y el aumento de gloria es una consecuencia proporcionada al aumento de gracia.

-El hombre en pecado no puede merecer la gracia santificante.

Dos hombre subieron al Templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: «¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquel no (Lc. 18, 10-14).

Aclaración. El fariseo lleno de pecados de soberbia, no quedó justificado, es decir no mereció la gracia de Dios.

-El hombre no puede merecer absolutamente nada en orden a la vida eterna, sin la gracia de Dios.

Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada (Jn. 15, 4-5).

Aclaración. Nuestra incorporación a Cristo, iniciada por la fe, se realiza y consuma por la gracia y por la caridad.

Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha (1 Cor. 13-3).

-La primera gracia actual o la primera gracia santificante, que se le concede al hombre en la justificación, no se puede merecer.

…todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús,… (Rom. 3, 23-24).

-El Justo, mientras esta en estado de gracia, no puede merecer ser justificado otra vez después de haber caído en pecado.

Pero si el justo se aparta de su justicia y comente el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad a la cual se ha entregado y del pecado que ha cometido, morirá (Ez. 18, 24).

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2. El Mérito. Condiciones

-El hombre necesita estar libre de toda coacción para merecer o desmerecer

-Libertad en el obrar y bondad moral en las obras

-El hombre puede conseguir la vida eterna cumplimiento la norma de Cristo

-Los perdidos por la pecado mortal son recuperados por la confesión

-El hombre, en estado de naturaleza caída, necesita estar libre de toda coacción para merecer o desmerecer.

Mirad: Yo pongo hoy ante vosotros bendición y maldición. Bendición si obedecéis a los mandamientos de Yahvéh vuestro Dios que yo os prescribo hoy, maldición si desobedecéis a los mandamientos de Yahvéh vuestro Dios, si os apartáis de otros dioses que no conocéis (Deut. 11, 26-28).

Él fue quien al principio hizo al hombre,

y le dejó en manos de su propio albedrío.

Si tú quieres, guardarás los mandamientos,

permanecer fiel es cosa tuya (Si. 31, 10-11. 15, 14-15).

Él te ha puesto delante fuego y agua,

a donde quieras puedes llevar tu mano (Si. 15, 16).

¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto?:

será para él motivo de gloria.

¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó,

hacer el mal y no lo hizo? (Si. 31, 10-11).

-Para ganar méritos se requieren libertad en el obrar y bondad moral y sobrenatural de las obras.

Así pues, hermanos míos emanados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano en el Señor (1 Cor. 15, 58).

Porque es necesario que todos seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal (2 Cor. 5, 10).

-El hombre puede conseguir el premio de la vida eterna cumpliendo la norma divina e infalible dada por el mismo Cristo.

En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?» Respondióle: «…guarda los mandamientos.» «¿Cuales?» replicó él. Y Jesús le dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt. 19, 16-19).

…uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. Es segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt. 22, 35-40).

Aclaración. La consecución de la vida eterna está, pues, vinculada a la guarda de los mandamientos divinos.

-Los méritos adquiridos para la vida eterna y perdidos por el pecado mortal, son recuperados por la confesión sacramental o por la contrición perfecta.

Pero si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado (Ez. 18, 21-22).

Y si digo al malvado: «Vas a morir», y él se convierte de su pecado y practica el derecho y la justicia, si devuelve la prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos que dan la vida y deja de cometer injusticias, vivirá ciertamente, no morirá. Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más:… (Ez. 33, 14-16).

Aclaración. «Vivirá sin duda», «Vivirá a causa de la justicia que ha practicado», «Vivirá ciertamente», son expresamente que afirman la recuperación del derecho a los grados de gloria que mereció antes de cometer el pecado.

«Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más:…«Ni los pecados ni, por consiguiente, sus consecuencias, es decir, la pérdida de los méritos, se le recordarán más, y por tanto se recuperan todos los méritos perdidos.

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3. El Mérito. Condiciones. Puede merecer «de condigno»

-De parte de Dios, del sujeto y de la obra.

-Cualquier virtud merece «de condigno» la vida eterna

-El justo merece «de condigno» el aumento de la gloria por sus buenas obras

-El justo merecer «de condigno» el aumento de la caridad por cualquier obra buena.

-Las condiciones requeridas para el mérito «de condigno» son: Unas de parte de Dios, otras de parte del sujeto y otras de parte de la obra.

Mérito «de condigno» es aquel cuyo premio tiene el mismo valor que él, y se debe por motivo de justicia.

a) -De parte de Dios, se requiere su promesa.

¡feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman (Jac. 1, 12).

b) -De parte del sujeto, se requiere:

-que esté en estado de vía.

Tengo que trabajar en las obras del que me he enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar (Jn. 9, 4).

-que esté en estado de gracia.

Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí (Jn. 15, 4).

c) -De parte de la obra, se requiere que el acto meritorio sea libre.

¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo? Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades (Si. 31, 10).

-Las obras de cualquier virtud merecer «de condigno» el premio de la vida eterna, con tal que se hagan por Dios y en nombre de Él.

«Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna» (Mt. 19, 29).

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que no perderá su recompensa» (Mc. 9, 41).

«El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe,…» (Lc. 9, 48).

Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa (Col. 3, 23).

-El hombre justo merece «de condigno» el aumento de la gloria, por sus buenas obras.

Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta (Mt. 16, 27).

-El hombre justo puede merecer «de condigno» el aumento de la caridad con cualquier acto moralmente bueno, sea lícito o sea imperado.

Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por se mi discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa (Mt. 11, 42).

Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que no perderá su recompensa (Mc. 9, 41).

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4. El Mérito. Condiciones. No puede merecer «de condigno»

-La primera gracia santificante

-Los bienes temporales por sí mismos pero sí para su salvación

-Nada en favor de otro

-La reparación después del pecado

-La perseverancia final

-El hombre no puede merecer «de condigno» la primera gracia santificante por sus propias obras.

…todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús,… (Rom. 3, 23).

-El hombre no puede merecer «de condigno» los bienes temporales por sí mismos, pero si los puede merecer por cuanto le convienen a su salvación eterna.

Temed a Yahvéh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada (Sal. 34, 10).

Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahvéh de ningún bien carecen (Sal. 34, 11).

Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan (Sal. 37, 25).

Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura (Mt. 6, 33).

-El hombre no puede merecer «de condigno» nada en favor de otro, pero sí «de congruo».

Peor Moisés trató de aplacar a Yahvéh, su Dios, diciendo: «Por qué, oh Yahvéh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo…? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo…» Y Yahvéh renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo (Ex. 32, 11-14).

Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo tus pecados te son perdonados» (Mt. 9, 2).

…orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder (Jac. 5, 16).

-El hombre no puede merecer «de condigno» la reparación después del pecado.

Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad a la cual se he entregado y del pecado que ha cometido, morirá (Eze. 18, 24).

-El hombre no puede merecer «de condigno» la perseverancia final.

…trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece (Fil. 2, 12).

Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga (1 Cor. 10, 12).

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5. El Mérito. Condiciones. Puede merecer «de congruo»

-La primera gracia habitual por un acto de caridad perfecta

-El hombre puede merecer «de congruo» la primera gracia habitual por un acto de caridad perfecta.

Mérito «de congruo» es aquel cuyo premio tiene mucho más valor que él, y se debe por motivo de promesa divina.

Desde allí buscarás a Yahvéh tu Dios; y le contrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma (Deut. 4, 29).

Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias (Sal. 51, 19).

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6. El Mérito. Otras características

-Ni la virtud es siempre premiada ni el vicio castigado en esta vida

-El hombre que realiza sus obras con mayor caridad, recibirá mayor premio, aún con trabajo menor

-La virtud no es siempre premiada con un bien en este mundo ni la impiedad es castigada con un mal.

a) -La virtud no es siempre premiada con un bien en este mundo.

¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello! Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me anegan. Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios. Más numerosos que los cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más fuertes que mis huesos los que me hostigan sin razón (Sal. 69, 2-5).

b) -Ni la impiedad es castigada con un mal.

He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón (Sal. 11, 2).

¿Hasta cuándo los impíos, Yahvéh, hasta cuándo triunfantes los impíos? (Sal. 94, 3).

-El hombre en gracia que realiza sus obras con mayor caridad, aunque realice un trabajo menor, recibirá mayor premio esencial.

El que ha recibido mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él (Jn. 14, 20).

Aclaración. El grado de recompensa del premio esencial corresponde al grado de caridad.

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7. La recompensa

-El hombre en gracia por sus obras buenas merece una recompensa

-El hombre merece premio por los actos buenos y castigo por los malos

-En la recompensa hay un premio esencial que corresponde al grado de caridad y otro accidental según la dignidad de la obra

-Los sufrimientos de la vida presente unidos a la pasión de Cristo tienen valor trascendente

-Las obras hechas en gracia, por pequeños que sean tienen recompensa eterna

-En el cielo Dios reserva a cada hombre una corona proporcionada a sus méritos

-La retribución por lo méritos es un acto de justicia

-El hombre en gracia con sus obras buenas merece una recompensa.

Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa (Mt. 10, 42).

Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que no perderá su recompensa (Mc. 9, 41).

-El hombre merece ante Dios premio o recompensa por los actos buenos, y castigo o pena por los actos malos.

Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras (Sal. 62, 13).

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos… (Mt. 5, 12).

…si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,… (1 Cor. 3, 8).

Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el Justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación (2 Tim. 4, 8).

Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (Apoc. 2, 10).

Mira, pronto vendré y traeré mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo (Apoc. 22, 12).

-En la recompensa de las obras meritorias, hay un premio esencial que corresponde al grado de caridad que las informó, y otro premio accidental que corresponde a la mayor o menor dignidad de la obra buena considerada en sí misma.

a) -El premio esencial corresponde al grado de caridad.

…el que me ame será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él (Jn. 14, 21).

Aclaración. Es evidente que el que trabaja con mayor caridad, aunque realice una trabajo menor, recibirá mayor premio esencial.

b) -El premio accidental corresponde a la mayor o menor dignidad de la obra.

…si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,… (1 Cor. 3, 8).

-Los sufrimientos y pruebas de los hombres en la vida presente ofrecidos a Dios de conformidad con su voluntad y unidos a la pasión de Cristo, tienen un valor trascendente.

a) -Ofrecidos a Dios de conformidad con su voluntad.

Entonces Job dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahvéh dio, Yahvéh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahvéh!» (Job 1, 21).

b) -Unidos a la pasión de Cristo.

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia,… (Col. 1, 24).

c) -Tienen un valor trascendente.

Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros (Rom. 8, 18).

-Las obras de cada hombre, por pequeñas que sean, realizadas en nombre y en guardia de Jesucristo, tienen trascendencia y recompensa eterna.

a) -Trascendencia.

A estos doce envió Jesús, después de haberles dado estas instrucciones:

…«Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa» (Mt. 10, 5 y 42).

…Jesús contestó: «…Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, no os aseguro que no perderá su recompensa» (Mc. 9, 39 y 41).

b) -Recompensa.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta (Mt. 16, 24 y 27).

Aclaración. «Su conducta» significa «sus obras».

-En el cielo Dios reserva a cada hombre una corona proporcionada a sus méritos personales.

Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible (1 Cor. 9, 25).

He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación (2 Tim. 4, 7-8).

Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de gloria que no se marchita (1 Pe. 5, 4).

¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman (Sant. 1, 12).

Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (Apoc. 2, 10).

Pronto vendré; mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona (Apoc. 3, 11).

Aclaración. «Pronto vendré» se refiere a la venida gloriosa de Cristo.

-La retribución de la vida eterna, por los méritos adquiridos, es un acto de justicia.

Y desde ahora me aguarda la corona de justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez,… (2 Tim. 4, 8).

Porque no es injusto Dios para olvidarse de vuestra labor y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, con los servicios que habéis prestado y prestáis a los santos (Hebr. 6, 10)

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