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Capítulo 7: El Bautismo, liberación del pecado


16 junio 2008
Sección: Bautismo

OBJETIVO

 

Tomar conciencia que por el sacramento del Bautismo quedamos liberados de toda atadura del pecado y capacitados para que trabajemos responsablemente en la transformación de la realidad del mundo en que vivimos.

 

“Considérense como muertos para el pecado y vivan para Dios: en Cristo Jesús" (Rom6, 11)

NOTAS PEDAGOGICAS

 

No deberá perderse de vista que este tema toca nuestra realidad, lo que nos ayudará a descubrir nuestra responsabilidad del pecado personal y social.

 

Para la dinámica del “veamos" necesitaremos un pliego de papel y marcadores, para el “celebremos" un Cristo.

 

VEAMOS

 

En pequeños grupos invitarlos a platicar algunos hechos de vida donde sentimos la injusticia. la corrupción, realidades de pecado que nos tienen esclavizados.

 

De igual forma, platicarán sobre hechos de vida donde se haya experimentado la Salvación. el encuentro con el Señor.

 

En plenario se irán anotando en un pliego de papel las dos listas de los hechos de vida. tanto negativos como positivos, que los grupos hayan comentado.

 

El catequista tomará estas experiencias y ayudará a reflexionar al grupo cómo Dios se encuentra con el hombre en los diferentes acontecimientos de la vida y revela a cada uno su Plan de Salvación.

 

PENSEMOS

 

El agua. uno de los símbolos del Bautismo que nos recuerda la vida nueva que recibirnos, es también símbolo de purificación. El Bautismo nos lava, purifica y libera del pecado (ver CIC 1262; CDC 849; He 2, 38; 1 Co 6, 11; 1 P 3, 18-21).

 

 

El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados: nos une a Cristo muerto y resucitado y nos da el Espíritu Santo" (CTC 984) para “caminar en una vida nueva" (Rom 6,4).

 

El sacramento del Bautismo nos separa del destino colectivo de una humanidad fatalmente sometida al poder del pecado y borra el pecado original y todos los pecados actuales que haya podido cometer el que se bautizará y lo libra de las consecuencias del pecado (ver CIC 1 263).

 

"No obstante, en el bautizado permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado. como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia. …dejada para el combate. no puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de Jesucristo" (CJC 1264).

 

El sacramento del Bautismo, por el Espíritu, nos pone en un contacto personal e individual con Cristo, para ser solidario con su modo de pensar. obrar y vivir. Porque el hombre pecador, por las aguas del Bautismo ha muerto: ahora el bautizado ha sido reengendrado como hijo de Dios. vive una realidad nueva y su vida ha de ser coherente con dicha realidad. Si se ha muerto al pecado. ¿cómo seguir viviendo en él ? (ver Rom 6, 1 – 12). Ese viejo hombre, el hombre cautivo del egoísmo, de la soberbia, de las tinieblas, del pecado, está destinado a morir. El viejo hombre muere con la muerte de Cristo y participa de su Misterio Pascual. Porque el simbolismo del agua que lava toda mancha nos deja libre de toda culpa, por el Espíritu que nos es comunicado; con ello queda destruido el pecado y dejamos de ser sus esclavos, somos llamados a la libertad de los hijos de Dios, fruto del Espíritu de Cristo.

 

Estos efectos de muerte y vida, se aplican a cada uno de nosotros en el aquí y en el ahora de la existencia humana.

 

El si que pronunciamos al acercarnos al sacramento del Bautismo es una nueva palabra dada en la historia que nos impulsa a liberarnos de todas las servidumbres del pecado personal y social, de todo lo que desgarra al hombre y a la sociedad y que tiene su fuente en el egoísmo, liberación que culmina en la comunión con Dios y con los hombres (ver P 482), esta liberación abarca las diferentes dimensiones de la existencia: lo social, lo político y lo económico (ver P 483).

 

Con el Bautismo adquirimos un compromiso irrevocable de ser testigos de la liberación; por ser liberados de todo pecado, implica el comienzo de una nueva vida, el reorientar nuestra vida según el Espíritu recibido: el Espíritu de la Resurrección.

 

ACTUEMOS

 

En los pequeños grupos que nos reunimos al inicio vamos a buscar nuestro compromiso del día de hoy. Con la siguiente pregunta orientamos la reflexión:

 

¿Qué tenemos que hacer para vivir el compromiso de bautizado, según la enseñanza de este tema?

A nivel personal

A nivel familiar

A nivel barrio o comunidad.

 

CELEBREMOS

 

Para la celebración nos ponemos de rodillas ante un Cristo (podemos colocarlo en una mesa), a su lado ponemos las listas que elaboramos al inicio del tema.

 

Escuchamos la lectura de la Palabra de Dios tomada del capítulo 6 de la Carta a los Romanos del versículo 1 al 11.

 

Dejamos un momento de reflexión en silencio.

 

Espontáneamente el grupo pronuncia en voz alta algunas oraciones de petición al Señor para que infunda su fuerza para vivir con autenticidad la liberación del pecado.

 

Después de cada una de ellas se sugiere cantar: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo".

 

Finalizar con el canto:

 

DANOS UN CORAZON

 

Danos un corazón grande para amar

Danos un corazón fuerte para luchar.

 

Hombres nuevos, creadores de la historia,

constructores de nueva humanidad;

hombres nuevos que viven la existencia

como riesgo de un largo caminar.

 

Danos un corazón grande para amar

 

Hombres nuevos luchando en esperanza,

caminantes sedientos de verdad.

Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,

hombres libres que exigen libertad.

 

Danos un corazón grande para amar

 

Hombres nuevos, amando sin fronteras,

por encima de razas y lugar.

Hombres nuevos, al lado de los pobres,

compartiendo con ellos techo y pan.

 

 
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