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Capítulo 4: Participación en Muerte y Resurrección de Cristo


16 junio 2008
Sección: Bautismo

OBJETIVO

Descubrir y profundizar que por el sacramento del Bautismo, participamos de la muerte y resurrección de Cristo para que sepamos vivir este misterio en la vida diaria.

"Por el bautismo, fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte,… pero también participaremos de su resurrección" (Rom 6, 4-5)

 

NOTAS PEDAGOGICAS

 

El catequista debe partir en esta ocasión de la situación de los participantes con respecto al tema: es muy posible que ellos tengan una conciencia vaga" de que algo sucede en la celebración del Bautismo, tal vez tengan conciencia del renacer a una vida nueva, pero es muy difícil que exista el convencimiento que esto nos viene por la muerte y resurrección de Cristo. Aquí están muy en juego los elementos de la vida y la muerte.

 

No perder de vista que este tema es de los considerados fundamentales en el aspecto doctrinal de la catequesis sobre el Bautismo.

 

VEAMOS

 

Partamos de un elemento tan común y tan necesario entre nosotros como lo es el agua.

 

¿Qué pasa donde no hay agua o es muy escasa?

¿Flan experimentado la falta de agua por algún tiempo en el pueblo, colonia o lugar donde viven?

¿Qué pasaría si se acabara el agua por completo?

 

PENSEMOS

 

En el Antiguo Testamento encontramos varios pasajes que nos hacen pensar en el sacramento del Bautismo al relacionarlo con el agua: el origen del mundo, el diluvio, el paso del Mar Rojo y el paso del río Jordán (ver CIC 1217-1222); son vistos como acontecimientos en los que el agua transformadora significa el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad. "Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús" (CIC 1223). El sacramento del Bautismo para nosotros se convierte en el paso de la muerte a la vida.

 

En el Nuevo Testamento encontramos que el mismo Juan el Bautista tiene conciencia de este significado de cambio y de conversión, de pasar de lo que es pecado y muerte, mediante el arrepentimiento y el perdón, hacia lo que es la vida nueva (ver Mc 1, 4). Pero Juan el Bautista aclara que su bautismo es solamente preparatorio, que después vendrá otro que bautizará en el Espíritu y en el fuego (ver Mt 3, II). Asimismo anuncia que Jesús es el Cordero de Dios que asumirá el pecado del mundo (ver Jn 1, 29-36). Al bautizarse, Jesús aún siendo justo, se coloca humildemente entre los pecadores (ver CIC 1 224); y desde ese bautismo hasta su muerte estará cumpliendo públicamente la misión encomendada por Dios Padre (ver Lc 1 2, 50). La muerte de Cristo es así la cúspide de su servicio. En el bautismo del Jordán, Jesús es consagrado, ungido como "siervo" en el camino de la humillación y servicio a sus hermanos los hombres y será fiel hasta la muerte en cruz.

 

"En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del Bautismo… desde entonces, es posible ´nacer del agua y del Espíritu´ para entrar en el Reino de Dios" (CIC – 225).

 

El "paso" de Cristo al Padre, su "Pascua", lo relacionamos con en el paso de los hebreos a través del Mar Rojo; escapan, entonces, por gracia de Dios, de la esclavitud de Egipto (ver 1 Co 10, 1-2). Sumergido en el agua del bautismo, el fiel de Cristo escapa de la esclavitud del pecado y nace a la libertad de los hijos de Dios. Por eso mismo, la noche por excelencia para celebrar el bautismo es la noche de Pascua, la noche del paso de la muerte a la vida.

 

En griego, bautismo significa "inmersión". San Pablo nos dice que mediante el bautismo, el cristiano es sumergido en el misterio de Cristo muerto y resucitado:

 

"Los que fuimos sumergidos por el bautismo en Cristo Jesús, fuimos sumergidos con él para participar de su muerte. Pues, por el bautismo fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte, y, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, también nosotros hemos de caminar en una vida nueva. Hemos sido injertados en él y participamos de su muerte en forma simbólica; pero también participaremos de su resurrección" (Rom 6, 3-5). La inmersión en el agua significa expresamente el morir al pecado, así como el surgir de esa inmersión expresa resurrección, regeneración.

 

"El Bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una vida nueva" (CIC 628).

 

ACTUEMOS

 

Se colocan dos cartulinas en una mesa y junto a ellas varios crayones o marcadores. Al centro de la mesa un Cristo. El grupo se coloca en su alrededor.

 

Catequista: Vamos haciendo un silencio en nuestro interior. Será el momento en que nos comprometamos a "ir muriendo" a todo lo que va en contra de Jesucristo y del Reino que El inaugura.

 

Catequista: Tratemos de que lo que cada día vivamos, aún el sufrimiento, sea anuncio de resurrección. Pues Dios ha hecho de los gemidos de la humanidad, dolores de parto para una nueva vida. Pensemos con qué actitudes se va a manifestar en nosotros esa vida nueva.

 

Catequista: Decidamos prepararnos cuidadosamente para vivir profundamente cada Bautismo en el que hayamos participado como papás o padrinos.

 

Se pide a dos personas que pasen al frente, una junto a cada cartulina. Una de ellas escribirá con letras grandes en la cartulina las situaciones a las que vamos a "ir muriendo"; la otra persona escribirá las actitudes que manifiestan una nueva vida en nosotros.

 

El grupo va mencionando en voz alta lo que se escribirá en cada cartulina.

 

CELEBREMOS

 

El grupo continúa en círculo en torno a la mesa con el Cristo.

 

Alguien del grupo lee del capítulo 6 de la Carta a los Romanos los versículos 4 y 5.

 

Catequista: Ante Cristo, presentemos la vida a la que "moriremos", las actitudes y pecados que nos impiden seguirle. Alguien del grupo lee la cartulina correspondiente.

 

Catequista: Con Cristo resucitaremos también a una vida nueva. Otro del grupo lee la cartulina correspondiente.

 

Terminamos cantando:

 

UNA NUEVA VIDA (EL BAUTISMO)

 

Una nueva vida, tu misma Vida,

una nueva familia, tu misma familia.

Hijos tuyos para siempre.

 

Por medio del Bautismo renacemos,

en agua que nos salva nos bañamos,

pasamos de la carne y de lo humano,

al mundo de la gracia y de lo eterno.

 

Una nueva vida, tu misma vida…

 

Surgimos del sepulcro que es el agua,

teñidos en tu sangre redentora,

contigo incorporados a la Pascua

vivimos en Cristo hora a hora.

 

Una nueva vida, tu misma vida…

 

Guiados por la luz que recibimos,

ungidos como reyes en la frente

tu marca salvadora en nuestras almas

grabada en nuestra entraña para siempre.

 

 

 

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